Artículos en esta categoría: Recetas

Vídeo-receta de ensalada prensada

Aquí tenéis un práctico vídeo sobre cómo se prepara una ensalada prensada. No hace falta cocinar pero sí saber dos pasos básicos. Sólo necesitas lavarte bien las manos y no tener miedo a tocar la las verduras con tus manos. Es mucho más sencillo de lo que parece y hasta resulta entretenido, en serio. Y cuando sepas las ventajas de esta ensalada no creo que te lo quieras perder por más tiempo.

¿Leíste el post sobre las ventajas de la ensalada prensada? Aquí lo tienes. http://sugarnobaby.com/wp-admin/post.php?post=1379&action=edit

 

 

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Tortitas veganas de plátano

Vajilla de la abuela y tortitas bañadas en algarroba

Vajilla de la abuela y tortitas bañadas en algarroba

Hay muchas recetas en la web sobre esta versión vegana de las tortitas americanas pero yo me quedo con la del blog danzadefogones.com que yo he adaptado a mi despensa y a mi gusto. Según la receta, debía usar harina de arroz y de avena pero no tenía ninguna de las dos, así que la primera versión la hice con harina de garbanzo y de maíz. Quedaron estupendas pero al ponerme a hacer las de la foto he hecho un cambio y he usado harina de avena. Como no tenía, he triturado copos de avena finos en un molinillo de los de café y me ha quedado muy fina.

He intentado hacer lo mismo con arroz integral para hacer la receta al pie de la letra pero no me gustaba la textura que quedaba y he decidido seguir con mi propia versión.

El resultado ha sido espectacular. Han quedado deliciosas y al primer bocado sientes que estás comiendo un presunto pecado que lejos de serlo es todo un antídoto contra el estrés y el cansancio.

Eso sí, son muy contundentes así que yo con una tortita de estas tengo más que suficiente para desayunar. Las he untado con algarroba pero podéis probar también con una mermelada de frambuesas sin azúcar o simplemente solas porque como tienen sabor a plátano y a leche vegetal, ya son ricas de por sí.

Me encanta la textura que tienen, el color doradito que las hace tan apetecibles y lo sanas que son. No llevan azúcar, ni huevos ni leche de vaca. Además, son muy fáciles de preparar y se puede guardar la masa en el frigorífico para tener tortitas para más de un desayuno o merienda.

Ingredientes: 150 gramos de harina de garbanzos + 12o gramos de harina de avena + 1 cucharadita de levadura (sin gluten) + 1/2 cucharadita de sal + 2 cucharaditas de canela en polvo + 250 mililitros de leche de avena (u otra vegetal) + 2 cucharadas de melaza de arroz + 1/2 cucharadita de vainilla en polvo (opcional) + 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra + 2 plátanos ( maduritos mejor)  +  1 limón exprimido

Elaboración: En una jarra para batir o en un bol grande mezclas los dos tipos de harina, la levadura, la sal, la canela y la vainilla y lo remueves bien.

En otro recipiente haces lo mismo con el resto de ingredientes: la leche de avena, la melaza, el aceite, un limón exprimido y los plátanos cortados en trocitos y lo bates todo con la batidora. Una vez batido, añades el contenido del otro bol y lo vuelves a batir.  Te quedará una masa ni muy líquida ni muy espesa, entonces, calientas una sartén con unas gotas de aceite que extiendes sobre la base con un pincel y cuando esté caliente viertes 1/4 de taza de la masa o un cucharón de masa y le das un meneo suave a la sartén para ayudar a que se extienda un poco y tome una forma redondeada.

Con hacer las tortitas 2 o 3 minutos por cada lado será suficiente. Cuando veas que los bordes se empiezan a dorar o a tomar más consistencia, ese será el momento de dar la vuelta a la tortita con ayuda de una espátula o espumadera. Hazlo lo con cariño y mimo para que te queden bonitas y no se rompan.

Las he servido con algarroba disuelta en un cazo con un poco de leche vegetal y las he adornado con unos arándanos deshidratados

Las he servido con algarroba disuelta en un cazo con un poco de leche vegetal y las he adornado con unos arándanos deshidratados

 

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Lasaña de champiñones

Me encanta el color de estas rosas...y la lasaña...ni te cuento¡¡¡

Me encanta el color de estas rosas y el sabor de la lasaña…ni te cuento¡¡¡

Cuando alguien cocina para ti con amor y con dedicación eso se nota. No hace falta que vayas a un tres estrellas michelin ni que el menú te cueste un ojo de la cara. Al primer bocado lo detectas. Tampoco tienes que ser un gourmet avezado, es cuestión de paladear la comida y de saborearla. Sólo con ver la presentación de la mesa también tienes unas cuantas pistas. Si hay flores frescas…la cosa promete.

No me acuerdo de la presentación de la mesa cuando mi abuela cocinaba para sus nietas, incluida yo, y para el resto de la familia pero sí que guardo un recuerdo exquisito de ella como cocinera y “jefa” de la “saga” Molinuevo.

He conservado algunos de sus pucheros de cocina y estoy ansiosa por usarlos. Ahora no puedo hacerlo porque mi fuego es tan “moderno” que no detecta lo auténtico. Espero hacerlo muy pronto y tiendo a pensar que evocaré su buena mano con las ollas y los fuegos, aunque eso ya se verá porque mi abuela Leoncia era una gran chef y eso que no publicó libros de cocina ni tuvo un blog gastronómicó ni mucho menos un restaurante.

No es la única en mi familia que deleitó a sus seres queridos con su buen hacer en la cocina. Mi otra abuela, Nicolasa, a la que no tuve la suerte de conocer, también era una delicia cocinando.

Las dos eran artesanas de lo que hoy se conoce como “slow food”, que no es otra cosa que la cocina de toda la vida, la que se hacía con paciencia, con amor y sin mirar al reloj.

Me siento conectada con esa energía, con la de mis abuelas “nutridoras” de toda la familia, y hago mis pinitos con la cocina energética y/o macrobiótica que considero que es una versión mejorada de lo que esas grandes mujeres de mi familia hacían hace años con los escasos ingredientes que tenían a mano.

Mi madre también tiene buena culpa de que yo tenga tanto amor por la cocina, ella me ha transmitido el gusto por la comida y por las sobremesas, un aspecto muy característico de los vascos por cierto.

Aprovecho este post para agradecer a mi madre, Piedad, y a mis abuelas Leoncia y Nicolasa, ese don tan bonito que me hace vibrar y que me hace pensar en grandes mujeres de antes y de ahora.

Y si queréis saber cómo he hecho esta lasaña, no tiene mucho misterio. Bueno sí, mucho amor, un ingrediente que es gratis pero que no abunda. Y ahora al lío.

Ingredientes: láminas de lasaña vegetal integral+ 1 cebolla + champiñones + un puñado de gambas + leche de coco + sal +albahaca fresca+ aceite + almendras

Elaboración: Cueces las láminas de lasaña vegetal 5 o 7 minutos con un poco de sal  en agua hirviendo. El tiempo que indique el paquete. Reservas el agua de cocción.

Cortas una cebolla fina y la pochas con aceite y sal durante 15 minutos. Limpias unos champiñones con papel de cocina y con un cuchillo, para quitarles bien los restos de tierra y los echas en la sartén junto con la cebolla cuando ya esté blandita. Agregas otro poquito de sal y lo dejas que se haga junto otros 10 o 15 minutos. Añades un chorrito de leche de coco y dejas que se evapore el líquido mientras se hace lentamente sin tapa.

Añades las gambas y la albahaca cortada finita y lo haces 3 minutos más, hasta que no quede nada de líquido.

Pincelas con aceite una bandeja de horno y colocas encima las tiras de lasaña. Una vez cocinadas las gambas con los champiñones y la cebolla, apagas el fuego y con una cuchara, rellenas la lasaña. Pones encima otra capa de lasaña vegetal integral y lo cubres con una besamel vegana y unas almendras trituradas o molidas.

Lo gratinas en el horno 30 minutos y estará deliciosa¡¡¡

Besamel vegana:  1 cebolla pochada con sal + flores de coliflor + cubrirlo (no del todo) con el agua de la cocción de la lasaña + una pizca de sal + un toque de nuez moscada. Batir y si queda muy espeso aligerar con leche vegetal y volver a batir.

 

 

 

 

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Horchata casera sin azúcar

Merienda de diosas

Merienda de diosas

Es una bebida refrescante y nutritiva, fácil de preparar en casa y que entra sin querer. Sin embargo, había perdido la costumbre de tomarla y hacía años que no la probaba. Me recuerda a mis veranos de la infancia cuando mis padres me llevaban al mar y caminábamos por el paseo marítimo. Era la costa mediterránea y en todas las terrazas servían horchata.

Hoy me la he preparado en casa, lejos de aquel mar y de aquellas vacaciones pero me ha evocado muchos recuerdos bonitos. Desde luego no pretendo competir con los valencianos, que son los reyes de la horchata, pero la mía ha quedado de diez y ¡¡sin azúcar!!

Su ingrediente principal es la chufa, un tubérculo tradicional de la huerta valenciana aunque en Egipto la cultivaban hace más de 3.000 años . Ahora que lo pienso, yo he sido muy fan de las chufas, hace una pila de años me las comía como si fueran pipas. Secas también son muy ricas, lo confirmo.

Como horchata, la chufa tiene un efecto prebiótico, aumenta la inmunidad, facilita la digestión, es rica en ácido oleico Omega 9, lo que ayuda a regular el colesterol, y es una bebida reconstituyente que va genial para deportistas, para personas con mucho estrés o cansancio y para quienes estén decaídos o se estén recuperando de una enfermedad.

Y para los niños es perfecta porque es dulce, fresca y es una bebida sin gas, ni aditivos químicos como las que abundan en el mercado.

Después de todo esto estaréis deseando hacerla, no? Así que vamos al lío.

Ingredientes: 125 gramos de chufas secas + 700 ml de agua (si es filtrada o de manantial mejor) + melaza de arroz

Elaboración: Remojas las chufas durante 24 horas y las trituras con la batidora y con 500 ml de agua limpia (la de remojo la tiras).

El líquido blanco que te quede lo vas depositando en una jarra de cristal con ayuda de un colador, en el que se irá quedando la pasta de las chufas trituradas.

Esa pasta la vuelves a triturar con 200 ml de agua y lo vuelves a colar y a verter en la jarra.

Prueba el sabor y si no eres muy golos@ puede que prefieras dejarlo así pero a mí me parece que está mucho más rica con dos cucharadas soperas bien colmadas de melaza de arroz.

Remueves bien la mezcla en la jarra y tendrás lista esta bebida blanca que tanto gustaba a los faraones. A la hora de servir puedes añadirle un poquito de canela (opcional).

 

 

 

 

 

 

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Gelatina rápida de fresas

Estas fresas me recuerdan a las de mi abuela

Estas fresas me recuerdan a las que me daba mi abuela

 

He buscado las mejores fresas que he encontrado en las tiendas y yo diría que son incluso mejores que las del huerto de mi abuela aunque su sabor se me quedó para siempre en la memoria de los buenos momentos.

Al cortarlas me ha venido un perfume increíble que me ha recordado a los aromas del verano, esa época del año que tanto me gusta y que tanto escasea por mi tierra.

He buscado un toque verde para adornar y compensar este bocado dulce y he cortado unas ramas de menta. En una jarra de cristal he preparado una infusión de agua con pétalos de rosa y con un chorrito de vino, justo para darle color.

Y la reina de esta receta, la gelatina, la he hecho con agua, leche de coco y agar agar. Te cuento paso a paso cómo se hace.

Ingredientes: una taza grande de agua + una taza (grande) de leche de coco (o zumo de manzana) + fresas + limón + sal + 2 cucharadas de agar agar + una cucharada de melaza de arroz

Elaboración: cueces un par de minutos el agua con la leche de coco o el zumo de manzana, añades una pizca de sal marina sin refinar, una cucharada de melaza de arroz y dos cucharadas de agar agar. Remueves bien y lo dejas que se cocine otros diez minutos. Conviene que lo remuevas para que se disuelva bien el alga.

Colocas las fresas ya cortaditas en el recipiente que tú quieras, las rocías con un chorrito de limón (también puedes añadir canela en polvo o coco rallado) y cuando se haya disuelto el alga después de 10 minutos cocinándose, viertes el líquido sin cubrir las fresas y lo dejas reposar hasta que se convierta en una gelatina. Cuando se enfríe estará listo para servir.

Es un postre macrobiótico suave y saludable porque estás comiendo fruta y algas (ricas en minerales y vitaminas)  y ésta en concreto, el agar agar, ayuda a combatir el colesterol y a reducir la absorción de grasas. Regenera el tránsito intestinal y es muy recomendable para quienes tienen problemas gástricos o úlceras.

Se vende en copos o en forma de tiras y tiene un alto poder gelificante. ¿Te animas?

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